El Populismo en las Elecciones de 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Frente a tiempos difíciles, la sociedad suele optar por el mesianismo, por la salida fácil que promete restablecer el orden debilitado y el sentido de oportunidad social, en medio de una irracional barbarie y de un frenesí que conduce al fascismo o al populismo, caras oscuras del colectivismo ciego.

En este contexto, la precaria conducción de líderes y el desdibujado desempeño de partidos, conduce al debilitamiento de la democracia y es la antesala para que el populismo se arraigue en el ánimo de los ciudadanos en pos de una quimera política que sólo presagia un quiebre social.

Es lamentable que pocos asuman que la construcción de la Nación siempre provino del esfuerzo conjunto, jamás de la actuación profética de un individuo. Se plasmó en un crisol, con la sangre entregada por miles de mexicanos desde la Guerra de Independencia hasta el Contrato Social de 1917. Hoy se olvida que esas revoluciones que reivindicaron y dignificaron a nuestro pueblo, nos han sido heredadas en instituciones que no pueden ser desconocidas, porque son garantes de la armonía y paz social.

La ignorancia y carencia ideológica de la ciudadanía, propias de una cultura política endeble, se han incubado desde la apatía y la inconciencia social. Nublando los sentidos de nuestra sociedad, se tornan en espacio fértil para que la política se convierta en prebenda de mercaderes y sátrapas, que ocultos en la demagogia y el gatopardismo, pavimentan el camino para que el ejercicio de gobierno, se vea inoperante, ante la precaria participación ciudadana en la toma de decisiones del Estado.

Los partidos sufren de osteoporosis política, están degradados a estructuras anquilosadas, inmóviles e inmutables ante el cambio social; son un factor de la erosión democrática que vivimos, han dejado de ser intelectuales orgánicos y conductores sociales, para erigirse en arenas políticas que han obstruido la fuerza de la base militante, y lo que es peor, de la sociedad. Este es el rostro de la crisis de representatividad.

En este contexto, el déficit de las precampañas políticas advierte que no existe ni un esbozo de Proyecto-País para asegurar la estabilidad de la Nación, ni una relación causal de un voto programático que comprometa planes y programas relativos al combate a la corrupción e impunidad, al fortalecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción y a los temas álgidos del desarrollo y la seguridad humana como el empleo, la pobreza, la desigualdad social, la educación, la salud y los derechos humanos.

El desencanto ciudadano no termina allí. El debilitamiento de las instituciones ante el peculado, corrupción e impunidad, han sentenciado al Estado al divorcio civil, que se hace presente porque el tejido social prefiere la separación de cuerpo antes que solicitar ayuda a un servidor público, que habitualmente, lo someterá a la tramitología, al burocratismo y si puede, a una dosis de moches, agravando la desconfianza en las instituciones.

Frente a este camino tortuoso, lamentablemente bien conocido por la ciudadanía, la sociedad expectante esperaba mayores definiciones y compromisos. Las precampañas resultaron una simulación. Fue difícil distinguir el rol de los partidos políticos porque resultaron ser lo mismo; se confundieron, olvidaron su compromiso social, sus principios e ideología, su plataforma y programa de acción.

Este panorama es desolador. No aporta elementos para que el ciudadano construya su decisión para que su voto resulte inteligente, conciente y racional, ya que todo indica que la simulación y la pantomima, seguirá presente mientras las campañas electorales no sean verdaderos espacios ciudadanos.

El cuestionamiento de fondo es el mismo desde hace décadas, ¿Qué harán partidos y candidatos para recuperar la confianza de la ciudadanía y para que sus votos, como voluntad soberana, sean respetados y no mueran en las urnas en que son depositados?

La ruta lógica es que los debates políticos sean un ejercicio incluyente y de dominio público, donde los candidatos establezcan y defiendan compromisos claros con la ciudadanía para construir el plan y los programas de gobierno, que como oferta política horizontal y ciudadanizada, admita y promueva la corresponsabilidad en la toma de decisiones.

Este planteamiento encierra una paradoja a subsanar, porque la democracia como régimen político y de gobierno, presenta un plano horizontal donde todos los ciudadanos pueden ser partícipes en la toma de decisiones; mientras que el ejercicio de gobierno y de los partidos políticos es vertical, tecnocrático y por ende, exclusiva de los tomadores de decisiones, que desde el servicio público han generado ínsulas de poder y fronteras entre ciudadanía y gobierno.

Hoy que nos quejamos y condolemos por el muro que pretende crear el Presidente de Estados Unidos Donald Trump en la frontera norte de nuestro país, ¿No deberíamos quejarnos y condolernos por el muro que ha edificado la clase política desde el aparato público, que impide el libre tránsito de los ciudadanos hacia las decisiones de gobierno?

El verdadero muro es la inconciencia e inmovilidad cívica ante la precaria vida democrática interna de los partidos políticos y la disfuncionalidad gubernamental; la escasa participación y corresponsabilidad ciudadana; la insuficiente cohesión y organización social… Todo ello es el lastre sistémico que allana el camino al autoritarismo de los muros administrativos de los servidores públicos.

Hoy que cuestionamos el statu quo y la maquinaria política del establishment, ¿Por qué no cuestionamos nuestra conducta política frente a partidos y candidatos?

El ciudadano no puede plantarse frente a la construcción de la Nación en este proceso electoral, como un ser conforme e indolente, alienado y presa de su inmovilismo político. Hacerlo equivale a decapitar el espíritu de asociativismo democrático y el régimen de pesos y contrapesos sociales, que debe custodiar y engrosar la toma de decisiones públicas, a partir de agendas de exigencias.

No perdamos nuestra memoria histórica ni obviemos la conquista de nuestros derechos. No caigamos en la hibernación política. Marc Bloch señaló “debemos aprender de la historia para que no se repita”. Ya conocemos el populismo y el fascismo. No pavimentemos su camino, porque el costo social que pagaremos, lo heredaremos a nuestros hijos.

Agenda

  • El síndrome del oportunismo y pragmatismo voraz se evidencia en la propuesta de la Coalición Por México al Frente, integrada por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC) al impulsar de cara a los comicios del 1 de julio de 2018, la idea de integrar un gobierno de coalición.

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Comunicación Política, Calidad Democrática y Participación Ciudadana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La revolución comunicacional en la era virtual, trastoca las fibras más sensibles del escenario político; genera incertidumbre, desconcierto y quebranta las tradicionales lógicas de control y los códigos formales del poder institucional en el orbe.

Las nuevas formas operacionales de la comunicación, hacen que la sociedad civil se vuelque en un frenesí de interacciones, intercambios y seguimiento de patrones sociales; y tejen redes propensas al engaño, donde prima la desinformación ante un animismo de modas o un mimetismo de intereses oscuros, al grado que la voluntad general vaticinada por Rousseau, suele caer en el engaño.

Ante este escenario, el Instituto Nacional Electoral (INE) y la Red Facebook suscribieron un acuerdo para promover la participación ciudadana en los comicios electorales de 2018, generar información de calidad y garantizar mejores prácticas de comunicación política a través de la difusión del portal Facebook Live, plataforma que transmitirá en vivo los debates presidenciales.

El diseño de esta estrategia cívica es inédita a nivel mundial y atiende al síndrome de “Democracia hackeada”, que experimentó Estados Unidos en la pasada elección presidencial, en la que resultó triunfador Donald Trump. También evidencia que hacen falta estructuras y organismos que sean verdaderos espacios para la participación ciudadana informada y activa, en apoyo al ejercicio público.

El INE no puede perder de vista en esta estrategia comunicacional, que el derecho humano a la participación ciudadana constituye la base de sustentación del proceso electoral y debe ser la vanguardia de los tomadores de decisiones bajo los principios de transversalidad, gobernanza activa y gobierno abierto, condiciones irrestrictas del quehacer público, en un ejercicio cívico-institucional.

Empero, subyacen elementos vitales dentro de la cultura política que debemos precisar.

La calidad de la democracia, como aspecto vital para transitar a una sociedad de oportunidades, debe ir más allá de la comunicación virtual. En los hechos, garantizarle a la sociedad comunicarse democráticamente, advierte horizontalidad y asociativismo informado; e interacción con partidos y candidatos para crear espacios de interlocución que permitan construir y direccionar las plataformas programáticas, y socializar ampliamente planes de gobierno.

En este trazo, la democracia debe construirse desde las estructuras endogámicas de los partidos políticos, para que sus bases militantes y poder orgánico, obedezcan principios de consenso, armonización de voces, e integración horizontal en la toma de decisiones, con una dinámica de cohesión y respeto de trayectorias, lealtad e inteligencia política. Gramsci lo denominó “Moderno Príncipe”, idea de partido político cuya virtud es ser un intelectual orgánico y no una estructura autoritaria, anquilosada y de pensamiento vetusto.

En la praxis de esta conducción, los candidatos deben ser interlocutores sociales, hombres probos de trayectoria y servicio público; de grandes anhelos de justicia, nunca arquetipos mesiánicos ni populistas que encierran el peligro de Pandora, que desata fuerzas oscuras y demonios sociales.

Un elemento indispensable en esta nueva lógica de comunicación política, la constituye la doble vía de interacción sistémica, que conjuntan sociedad civil e instituciones. El poder real del Estado se encuentra en la ciudadanía organizada y su poder formal en las instituciones que hacen operativas las funciones del Estado. En ambos casos, el proceso electoral debe atender al fortalecimiento de estas categorías.

En la próxima elección presidencial, 14 millones de jóvenes podrán sufragar. Estos actores sociales deliberantes y dinámicos en las redes de comunicación, requieren interactuar con actores políticos tomadores de decisiones y trascender en el ejercicio de los debates y el conocimiento de las plataformas programáticas para entender los proyectos políticos y el alcance de sus propuestas. Esta condición es clara y consustancial para orientar un voto de calidad en la construcción de un país de oportunidades y equidad social.

En este contexto, la armonización de la comunicación política no puede excluir a los ciudadanos que no están integrados a los medios virtuales. Si bien es cierto que 80 millones de mexicanos cuentan con Facebook, también existe otra realidad donde la marginación y la pobreza han acrecentado la brecha de oportunidades. La estrategia del INE debe ampliar su horizonte creando mecanismos para integrar en la diversidad de posibilidades a todos los mexicanos, sin importar su condición social, etnia, credo o filiación política. Este es el verdadero reto de una estrategia comunicacional del proceso electoral de 2018.

Este escenario de horizontalidad de la comunicación política, calidad democrática y participación ciudadana, exige revitalizar las estructuras del Sistema de Partidos Políticos, institucionales y cívicas.

Estamos en presencia, no sólo de una revolución comunicacional, sino de la conciencia. Se debe garantizar que la información se convierta en cognición política; de lo contrario, habremos privado a los ciudadanos de dar el gran salto a la cultura política del país, porque les habremos infringido una derrota política ante un proceso electoral, que no puede escindir al principio de inclusión ciudadana de ninguna manera.

La era de la comunicación política, que se basa en el comunnis, es decir, en una base de sustentación homogénea de contenidos, pero mucho más importante, de cognición, es lo que hará trascendente este acto, no sólo para elegir un presidente, sino para construir el país de todos.

No podemos obviar que la intención del INE es blindar la comunicación política, pero debe ir más allá, debe garantizar que la elección sea de la ciudadanía, para las y los ciudadanos y por las y los ciudadanos. Esta es la línea horizontal de la democracia que genera fibras identitarias ante el ejercicio de gobierno.

Si admitimos que la democracia deviene del poder soberano del pueblo, no puede, como régimen político y de gobierno, quedar secuestrada por la comunicación política, o por poderes fácticos que protegen emporios y élites que controlan el poder público y subyugan al ciudadano a través de una hegemonía que fractura toda idea del comunnis político.

Le compete al INE disponer el control de la información, su empoderamiento ciudadano y la comunicación política de calidad como elementos a custodiar en la elección presidencial de 2018. Hace falta trascender desde la conciencia y cultura política para que partidos y candidatos no conviertan al proceso electoral en guerra sucia, pantomima o actividad circense.

Agenda

  • Después de 16 años de haber sido creado, se decretó la extinción del CCCEH Organismo Público Autónomo. Agradezco a los más de 2000 Consejeras y Consejeros y a los 54 integrantes de la estructura administrativa el aporte de su talento, tiempo y vocación de servicio en apoyo a las instituciones públicas y privadas con las que compartimos tareas comunes para dignificar el derecho humano a la participación ciudadana y al buen gobierno en Hidalgo.

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Davos: Las Economías Sostenibles y el Proceso Electoral de 2018

 

La lección histórica del Foro Económico Mundial de Davos, precisa que en las sociedades complejas, las estructuras políticas son imprescindibles para garantizar las oportunidades sociales.

El grupo selecto de potencias, ha reconocido a nivel internacional, que la dimensión pública modela y conduce las acciones del orden privado, por lo que cualquier prescripción de desarrollo y seguridad humana, debe ser trazada desde el Estado.

El dinamismo de los agentes privados de la economía depende de la estructura y armonización de los poderes públicos, esto indica que el escenario de las elecciones en México del 2018, constituyen uno de los mayores retos políticos de la Nación.

En esta tesitura, sobresale la tensión que ha creado el modelo económico y su sostenibilidad en un país como el nuestro, donde la desigualdad y la pobreza, unidas al deterioro creciente de la seguridad ciudadana, han rebasado las lógicas de las agendas gubernamentales.

La prospectiva de Davos, advierte que ningún país podrá enfrentar los retos del desarrollo integral, si antes no logra la inclusión social en términos de equidad, seguridad, desarrollo humano, y abate las anomias de la corrupción e impunidad. Todas ellas, obstáculos para la integración-país en el orbe.

En este escenario, ¿cuáles son las amenazas inmediatas que deberá atender la conformación de los poderes públicos, de cara a su renovación?

La piedra angular estriba en la reestructuración gubernamental, tarea en la que es evidente que los reflectores sociales se centran en la sucesión presidencial, pero el poder legislativo y el judicial tienen que atender con responsabilidad compartida, la funcionalidad de la estructura orgánica del Estado.

Esta vertebración política exige del Ejecutivo, preservar y fortalecer las condiciones de gobernabilidad y gobernanza activa en el marco del Estado Democrático de Derecho, y garantizar que el ejercicio de los Derechos Humanos, sea la premisa fundamental del quehacer público para la seguridad humana y el desarrollo integral con equidad.

En esta articulación gubernamental, es imprescindible la profesionalización de los legisladores, ya que es ineludible que su tarea presente racionalidad plena en la motivación de la Ley. No pueden caer en el abuso, tampoco en la desfachatez de la curul, ni el autoritarismo que atropella al ciudadano con una legislación impertinente, contraria a la soberanía popular.

Jamás deberán obviar que una Ley se concibe para hacer valer la voz del pueblo, nunca para ir en su contra. Condición para que el Estado Democrático de Derecho sea la vanguardia que incida en la generación de oportunidades sociales, donde el proceder del legislador sea en los hechos, el ejercicio del poder emanado de la voluntad ciudadana.

La fuerza del Poder Judicial está en garantizar la definitividad en el cumplimiento de la ley. Su certeza es el nuevo horizonte de limpieza donde la justicia gratuita, pronta y expedita, jamás atiende la prebenda insana, los intereses oscuros o el valor de la clase social.

En este sentido, el Foro de Davos ha hecho prescripciones que no son ajenas a la renovación de los poderes públicos en el proceso electoral de 2018, que impone trascender la visión internacional de un mundo fracturado a una agenda política anhelada por la ciudadanía: la construcción de un futuro común.

Somos una sociedad que aún no logra hacer valer las premisas de equidad, justicia y dignidad humana. Davos sitúa las prioridades globales en inclusión, competitividad, política, medio ambiente y economía.

Estos temas deben ser la oferta política que de forma vinculante, partidos y candidatos deben proponer, comprometer y cumplir a la ciudadanía, para erradicar el consabido fracaso de nuestra planeación trunca, antidemocrática y fallida de Estado.

La inclusión es un rubro de oportunidades, genera para la sociedad y sus ciudadanos el desarrollo armónico que sustenta la capilaridad social productiva, económica, cultural, digital y humana.

Una Nación es competitiva cuando existe justicia distributiva, cuando la sociedad es partícipe del desarrollo y prima la dignidad humana en la racionalidad gubernamental, que no segrega ni discrimina al ciudadano de la equidad social.

México demanda un sistema político y de gobierno que responda a la globalidad competitiva de las nuevas tecnologías y a la generación del capital intelectual, cuestiones sólo posibles, en la horizontalidad de jure y de facto.

No debemos olvidar que la política es la virtud que armoniza y concreta las aspiraciones y oportunidades sociales; que provoca la confianza ciudadana que proviene de la transparencia y rendición de cuentas, de poderes abiertos y de gobiernos en público, de congruencia, probidad y corresponsabilidad social. Principios que hacen de la política un instrumento de dignificación humana, que frenan el atropello, la voracidad y el contubernio de escritorio.

El proceso electoral de 2018 no debe ser sólo “la rotación en la silla del águila”; debe velar porque la madurez de la clase política y su apego irrestricto a la voluntad del pueblo, construyan un país sin dobleces y al margen de la corrupción e impunidad.

Pensar un país en desarrollo implica preservar las potencialidades naturales para su población. Ninguna revolución industrial puede avasallar al medio ambiente y la biodiversidad. Es imprescindible admitirlo como principio de una verdadera planeación democrática y crear leyes estrictas para la protección de la riqueza natural del país. Sólo así se garantizan los derechos y el patrimonio de las futuras generaciones.

No existe economía sostenible allí donde la distribución de la riqueza es letra muerta. El desarrollo científico-técnico aplicado a los avances del mercado, no puede sujetar al Estado ni condicionar la soberanía nacional; no puede ser una retórica electoral, sino la praxis de la participación ciudadana como el Derecho Humano al buen gobierno, al que no recurre al mesianismo, sino al trazo con rumbo cierto y dirección de las potencialidades del país.

Requerimos crear un nuevo paradigma económico, político y social; donde la inclusión no sea una cadena de explotación humana, sino el constructo solidario de una Nación, que se mira como grande porque le pertenece a su pueblo.

Agenda

  • Nos preguntamos de quién será la mano que mece la cuna del diputado Luis Baños Gómez y el moche que habría recibido por impulsar la extinción del CCCEH; ya que como Se dice, en la anterior legislatura habría recibido un humilde departamentito en la zona plateada de la capital del estado de Hidalgo.
  • Una pifia más del congreso del estado de Hidalgo al recortar el presupuesto del IEEH, sin tomar en cuenta los convenios entre el INE y el IEEH, ni considerar que esta acción pone en riesgo los comicios concurrentes de 2018. ¿Pues qué pasa?

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Pragmatismo Político y Alianzas Electorales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿El ciudadano debe admitir que la política se haya convertido en prebenda de mercado y que las alianzas electorales sean sólo la lucha del poder por el poder?

Las coaliciones de partidos políticos antitéticos, con planteamientos ideológicos opuestos, vulneran a la ciudadanía porque buscan el poder guiadas por un pragmatismo sin principios ni ideología.

El pragmatismo aliancista devela la liquidez política y social en la que nos encontramos; donde la podredumbre e inopia política corroe como cáncer las virtudes del quehacer público, y ensucia la soberanía del pueblo, sin responder al compromiso político de un voto programático.

La erosión ideológica y el debilitamiento de la sociedad civil, son efectos nítidos del cisma del sistema político y de partidos. Prohíja opacidad, intereses sectarios y un creciente control e intervencionismo de Estado; siembra el germen de una nueva clase de políticos sin escrúpulos; y hace del gobierno un espacio de negocios (Political Business), que prospera al amparo de la deshonestidad.

Los ciudadanos, al quedar proscritos de la política orgánica, la maquinaria de Estado y el Estado Maquinaria constituyó el mejor resguardo de los intereses obscuros.

Gubernaturas, curules y Ayuntamientos entraron en esta lógica moderna; no importaba el color y mucho menos el ciudadano, sino el tesoro público. En este lamentable contexto, la ciudadanía es testigo del nacimiento de los “políticos del bolsillo”, seres de apetitos mezquinos, que sin bandera ideológica hacen del servicio público y el erario, el paraíso de las inversiones oscuras, que oscilan en el peculado más inaudito.

Política y Dinero; corrupción e impunidad; se han convertido en sinónimos para el imaginario colectivo; se visualizan en el atropello del Estado Democrático de Derecho; y en la prepotencia de estos Mirreyes, que han hecho de la curul y el puesto de elección popular, la cueva de Ali Babá.

En este laberinto, la representación política cayó al vacío. Por una parte, los partidos, anquilosados y vetustos, sin rumbo ni dirección, se convirtieron en enclaves de élites, albergando un sólo objetivo: la reproducción hegemónica del poder por el poder, haciendo a un lado al ciudadano y a sus bases militantes.

Ante este despojo, los militantes defeccionaron o entraron en el cinismo del contubernio, la prebenda y la militancia de estómago; la personificación de líderes autoritarios, forjó la derrota de la democracia, de los partidos programáticos y de los políticos probos y alimentó los intereses obscuros de una estirpe de sátrapas de lo público, que aprecia en la honestidad una paradoja que encierra candidez y no tiene cabida en el poder.

Esta casta de políticos cercena las estructuras de partido, la ideología, los principios programáticos, y estatuye en el personalismo político, el “todos conmigo o todos contra mí”, como postura gansteril de la Ley de Herodes; suele hacer del gobierno el viacrucis del pueblo; no admite que la sociedad es compleja y dinámica, que deben primar los gobiernos de proximidad ciudadana que fomenten la toma de decisiones por los actores ciudadanos, en sus deliberaciones y en su autoridad popular.

La realidad lapidaria del mesianismo populista ha florecido; apareció una oleada de “Magos políticos”, que con su varita mágica ofrecen solucionar todo, aunque jamás hayan construido un gobierno para el pueblo; hacen de la ideología, falsa conciencia y nudo ciego de las aspiraciones sociales; y en América Latina, pusieron la mesa para que el autoritarismo o lo que es peor, las dictaduras aparecieran con su estela de terror, tortura y muerte.

Sin duda, este escenario es cruento, tan cruento como lo es la vida del ciudadano común, aquel que debe poner el pan en la mesa de su casa y proveer a sus hijos, realidad que es olvidada por la politiquería, cuya demagogia engorda la imaginación social, pero jamás el estómago del pueblo, que desde hace décadas está en el olvido o en el inframundo.

¿Cómo lograr que el proceso electoral de 2018 no se convierta en el año del Political Business?

Empecemos por la vertebración de una nueva cultura política, donde el ciudadano viva el ejercicio de gobierno, organice el mayor vaso comunicante de la historia y haga valer el Contrato Social, como si fuera su propio testamento o el título de propiedad de su casa, que defiende con su vida como el mayor patrimonio de su progenie, junto al anhelo que persiste en sus venas y al que nunca renuncia, su Nación.

La jugada maestra de este ajedrez democrático es la participación ciudadana. La sociedad organizada debe demandar desde su participación política directa e indirecta, la refuncionalización de los partidos políticos en términos orgánicos de representación democrática; generar desde la conciencia y la ideología, las verdaderas bases del cambio social; y hacer valer su fuerza ciudadana para cambiar la cara al poder, hacerlo suyo y frenar el Political Business.

Estos dos vectores políticos, la cultura y la participación ciudadana, son la brújula que lamentablemente hemos perdido. Su vitalidad es consustancial al desarrollo humano porque prohíja la ideología y la conciencia, que hacen camino al andar; dignifica la mirada del que menos tiene y hace posible que el poder sirva al pueblo.

Los partidos políticos no deben alejarse ni alejarnos de la ideología, hacerlo es la antesala de la derrota de la democracia, y lo que es peor, traerá amargura y dolor social. Las elecciones del 2018 no puede ser el escenario del Political Business, por lo que defender el voto como nunca antes en nuestra historia, implica defender nuestra conciencia.

No se puede claudicar frente al mesianismo y el populismo, ni dejar el poder a los políticos del bolsillo. Esta realidad ya probó que no es el camino de la ciudadanía. El rostro de algunas coaliciones antitéticas que aspiran al poder sin ideología, sin honestidad ni rumbo para el pueblo y la Nación, augura estelas de hambre e inopia política.

Agenda

  • En el Foro Económico Mundial se anunciaron perspectivas de crecimiento del PIB para México de 2.3 en 2018 y de 3% en 2019. Durante la inauguración Klaus Schwab, presidente fundador del Foro señaló: “El crecimiento global solo se puede sostener si tenemos inclusión social”.
  • El Gobernador de Hidalgo Omar Fayad Meneses, inauguró el 1er Encuentro de la Red de Geoparques de América Latina y El Caribe, organizado por el Geoparque Mundial de la UNESCO, Comarca Minera de Hidalgo y el Seminario Universitario de Geopatrimonio y Geoparques de la UNAM. El CCCEH aportó el modelo para su socialización y recibió un reconocimiento por ello.

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2018: Tiempo Electoral y Conciencia Social

 

La encuesta Latinobarómetro 2017, muestra la falta de credibilidad en la democracia, porque como paradigma del régimen de representación de la voluntad política del pueblo, cobra vida sólo en las plataformas programáticas de partidos y candidatos, pero en la realidad no encarna desde el ejercicio del poder, los resultados que dignifiquen la conciencia social y construyan el destino cierto de la Nación.

Esta prescripción política denota la urgente necesidad de un régimen cuya horizontalidad sea proclive al asociativismo, a la equidad y a la generación de oportunidades, ya que hasta ahora, no ha podido consolidarse desde los poderes públicos porque guardan asimetrías e inconsistencias que debilitan la estructura democrática y la dinámica social.

Este creciente fenómeno se expresa en una profunda crisis de representatividad, cifrada en el clientelismo, el fraude y el cohecho político; la manipulación y manoseo del voto; así como una cooptación espuria, que ha generado una cultura política parroquial, que atiende a peligrosos mesianismos y populismos facciosos.

2018 debe ser el impasse de la oportunidad electoral para la reconciliación ciudadana frente al Estado.

La negligencia y las pifias incalificables del Poder Legislativo, donde muchos de sus miembros que incumplen su tarea, pretenden reelegirse, deben terminar.

Esta precaria racionalidad advierte a la política y a los políticos la necesaria reestructuración de lo hecho hasta ahora, para acabar con la inconcreción pública, la incongruencia programática y antidemocrática, así como para trascender la verticalidad y el autoritarismo político, que flagela a nuestra sociedad.

No podemos retrotraer la historia a los arquetipos mesiánicos, donde los líderes carismáticos trastocaron la vitalidad de las naciones y constituyeron el germen del autoritarismo, utilizando la “ideología del desencuentro” como bandera que justifica el crimen, la delincuencia y la muerte.

De este trazo de praxis política, resulta incomprensible que la partidocracia no haya aprendido la lección y persistan las prácticas recurrentes donde la carencia de profesionalismo, de trayectoria política y servicio público, así como de honorabilidad y honestidad, sean las virtudes que arropen a un candidato, que debe mostrar conocimiento, experiencia y probidad; cuya ética y compromiso político no genere dudas, para que en su programa político y de gobierno haga valer la voz del pueblo.

La renuencia electoral que hoy vive la ciudadanía denota el consenso tácito de que la clase política le ha fallado; que se ha escindido del cumplimiento y respeto del Contrato Social, realidad que exige del sistema de partidos una revisión profunda para retomar su conducción y compromiso social, y dejar de ser maquinarias electorales que contienden sólo por el poder y el dinero.

Empero, también la ciudadanía ha sido cómplice de las anomias políticas, porque ha permitido que una casta de sátrapas haya secuestrado a la democracia, y con ello, el poder del pueblo; esta inconciencia ha tenido un costo social que hoy se traduce en el abandono y el ostracismo de los que menos tienen, aquellos cuyo voto se ha vuelto botín de mercenarios.

El llamado es claro: la ciudadanía no puede ser indolente en este proceso electoral, ni permitir que el poder se diluya ante apetitos de las élites partidistas. La ciudadanía debe organizarse vertebrando una nueva imaginación y cultura política, donde la exigencia de cumplimiento del mandato se convierta en un instrumento virtuoso de la depuración del Estado.

El revés de la trama lo constituye el currículum político, que como certificado de la conciencia y entrega de un servidor público, da constancia no sólo de su preparación profesional, sino también de los trazos de compromiso social que le hacen ser un activo humano de la gestión pública y esencia del Estado Democrático de Derecho.

Los andamios de la institucionalidad se construyen desde sus cimientos humanos, nunca desde poderes fácticos o de la complicidad mesiánica, sino a partir de la sensatez, que otorga hacer del servicio público la voluntad ciudadana.

Revalorar el servicio público desde el proceso electoral no es una cuestión de moda administrativa. Los actores políticos deben comprometerse a que el gobierno tenga mayores rangos de eficiencia y racionalidad operativa y a generar los mecanismos que permitan el ascenso de la horizontalidad ciudadana y su corresponsabilidad en la toma de decisiones del ejercicio de gobierno. Este es el verdadero reto de los aspirantes a cargos públicos para responder a la reestructuración política de la Nación.

En esta perspectiva, la política debe presentar calidad y calidez en un escenario de déficit político y democracia incompleta, donde es necesario reconocer constitucionalmente el Derecho Humano a la participación ciudadana para hacer frente a las restricciones fácticas que ha experimentado, ante el aislacionismo político que tiene subsumida a la sociedad.

En este contexto, no podemos perder de vista que este derecho humano a la participación ciudadana trasciende como conquista social para construir un buen gobierno, condición que debe ser ponderada en las plataformas programáticas de partidos y candidatos, como génesis del poder público, que permita preservar a la democracia en sus dimensiones electoral y participativa.

Es menester de las fórmulas partidistas y candidatos contendientes en este proceso político, revisar el Modelo de Estado y hacer historia en este 2018; romper las inercias que perpetúan el marco jurídico en la simulación; promover procesos abiertos de discusión pública, donde la inteligencia e ilustración ciudadana, prime en el valor al voto y en la vigencia de su soberanía; y refuncionalizar sus estructuras, adecuar sus procesos administrativos y garantizar la ciudadanización institucional y la vigencia del Estado Democrático de Derecho.

La inopia política de la incertidumbre democrática debe terminar.

El imperativo social del proceso electoral, es garantizar que la inserción ciudadana en la toma de decisiones del Estado no sea la excepción, sino la constante. Ello exige que partidos y candidatos creen un proyecto incluyente de Nación y un sólo crisol de conciencia y vanguardia del Estado: el ciudadano.

Agenda

  • El Presidente Enrique Peña Nieto dijo en Tecalitlán, Jalisco que: “en materia de seguridad y justicia no puede haber perdón ni olvido para delincuentes, ya que no puede haber borrón y cuenta nueva, y que, dejar hacer y dejar pasar a los criminales significaría fallarle a la sociedad y traicionar a México.”
  • La gira política de los precandidatos a la Presidencia de la República en Hidalgo debe ser el preámbulo de una nueva conciencia ciudadana que permita la construcción de un ejercicio cívico guiado por el conocimiento, la sensatez y el espíritu patrio.

 

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La Importancia de la Motivación de los Actos de Autoridad

La soberanía popular, como génesis y fundamento del Estado, es la antítesis de la máxima de Luis XIV “El Estado soy yo”. Advierte en nuestros días, la sana distancia entre el Ancien Regime y las estructuras políticas modernas, que se oponen al autoritarismo y a la verticalidad discrecional.

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Gobierno de Proximidad Ciudadana e Inversión Productiva Estratégica

 

 

La reorientación de la gestión pública hacia un Modelo Económico Nacional que enfrente la violenta crisis financiera que experimentan las economías globales, la inestabilidad del crecimiento económico nacional y la pérdida de su dinamismo, tiene que ser explorada por un gobierno de proximidad y de participación ciudadana activa.

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